Adrián Almeida.

Melpómene es en la mitología griega la musa de la tragedia, del teatro y en un origen también la musa de la música; honor, esté último que recae más concretamente en Euterpe. Una musa que tenía que ensalzar, al menos así lo quiso, al ilustre compositor Juan Crisóstomo Arriaga y que sufrió ella misma la tragedia que decía inspirar.

Y es que en 1906, el ayuntamiento de Bilbao, buscó una figura que ensalzara al compositor Arriaga con motivo del centenario de su nacimiento (27 de enero del 1806), al cual para mayor gloria se ha llegado a considerar a la altura de Mozart. La obra sobre el autor bilbaíno, también muerto prematuramente como el propio austriaco –entre otras similitudes de estos dos autores- debía encarnar precisamente el dolor por esa pérdida, y se encargó, previo concurso la creación de la escultura a Francisco Durrio. Sin embargo, la desidia-por qué no decirlo- del escultor, hizo que la genial obra que estaba creando se retrasara más de lo previsto. Ese retraso, el cual motivo las quejas por parte del ayuntamiento bilbaíno, fue evidente. Y el hastío por este organismo parece harto evidente si se dice además, como de hecho fue, que el propio Durrio llegó a presentarse tarde al concurso que finalmente ganó. El monumento se inauguró en 1933, veintisiete años después del centenario del artista y en un siglo XX en el que comenzaba una nueva década con vientos de renovación en España, y que finalizaría de la peor manera posible.

La Guerra Civil que asoló España durante tres largos años (1936-39) y que acabarían con la intentona republicana por modernizar el país, dio origen a un funesto régimen dictatorial, que se llevó- entre otras muchas vidas – los ideales con los que se soñaba al iniciar los años 30. La escultura de Juan Crisóstomo Arriaga, en ese sentido, demasiado “inspiradora” en su desnudez, pareció de pronto, y más concretamente a partir de1948, una musa no tanto del arte como del pecado, de las pasiones, contraria a la decencia y a la moralidad. Bien es cierto, empero, que la campaña promovida en aquellas fechas por La Gaceta del Norte por la desinstalación de la escultura, contó ya desde el principio con importantes rechazos sociales, que vieron en la creación de Durrio una perversión y una invitación a las pasiones. El propio Durrio advertirá en 1909: “La obra no gustará”[1].

El clasicista Enrique Barros, gallego de nacimiento, fue el encargado de subsanar aquel entuerto, produciendo una nueva escultura más acorde a los nuevos tiempos. Lo cual equivalía a decir: “la obra debía estar vestida”. No se cambió la temática, ni se formuló un nuevo monumento en sí mismo, sino que se reprodujo una nueva musa Melpómene, esta vez vestida; aunque ciertamente falta del desgarro y la fuerza con la que Durrio y su ayudante Valentín Dueñas, confirieron la primera de las musas. Monumento éste, que de otra parte es de los primeros monumentos homenaje que no reproduce la efigie propiamente del artista[2], y que transmitía, más allá de discusiones cercanas a la mojigatería por su desnudez, una auténtica sensación de pena, de desgarro y de dolor por la muerte de Arriaga. Es una obra verdaderamente emocionante y completa; la cual encierra una armonía en las formas que no solapan la tensión y la fuerza por la tristeza. La obra de Barros, sin embargo, sin taras en su forma, sirve poco más que para comparar ésta con su predecesora y original; y carece en ese sentido de toda evocación o expresión natural de quien llora y se estremece por la pérdida del que se consideraba un hijo, como era el caso de Arriaga.

Tras el fin de la dictadura franquista, la escultura de Durrio fue sacada del sótano del museo de Bellas Artes y expuesta en sus alrededores. La obra sustitutoria de la primera ocupa hoy un lugar también en la capital bizkaitarra, pero no ya el de honor que ocupa la que debió hacerlo en épocas precedentes.

Melpómene_Durrio
La polémica escultura, hoy alojada en el Bellas Artes de Bilbao.

BIBLIOGRAFÍA:

ETXEBARRIA, Begoña: La dramática aventura del monumento a Arriaga.Bilbao.net 2006. [Online] Disponible en:

http://www.bilbao.net/castella/residentes/vivebilbao/publicaciones/periodicobilbao/200606/pag30.pdf

SOTO CANO, María: El monumento a Arriaga en Bilbao. Goya. 2006. [Online] Disponible en: http://www.academia.edu/1349284/_El_monumento_a_Arriaga_en_Bilbao._Concurso_proyectos_y_proceso_de_construccion_1905-1933_

VV.AA.: La dimensión artística y social de la ciudad. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 2002.

[1] SOTO CANO, María: El monumento a Arriaga en Bilbao. Goya. 2006. [Online] Disponible en: http://www.academia.edu/1349284/_El_monumento_a_Arriaga_en_Bilbao._Concurso_proyectos_y_proceso_de_construccion_1905-1933_ (p.259.).

[2] VV.AA.: La dimensión artística y social de la ciudad. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 2002. (P.76.).

 

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