Turquía

Adrián Almeida. 7-07-2013

0-Introducción.

1-La Turquía del Imperio Otomano.

2-La nueva Turquía de Mustafá Kemal: Atatürk.

3-La Turquia de Receo Tayyip Erdogan.

0-Introducción.

Las últimas revueltas acontecidas en Turquía durante el mes de junio han hecho trastocar las relaciones de este país con la Unión Europea, poniendo además, en tela de juicio la adhesión a este organismo del país fundado por Mustafá Kemal Atatürk de los rescoldos del viejo Imperio Otomano. La dureza con la que el actual primer ministro turco Erdogan ha disuelto las protestas de la plaza Taksim, han complicado pues, las propias negociaciones por la incorporación al ente supranacional europeo, que el partido de Erdogan, el AKP, había incentivado en su programa electoral del 2002, así como las negociaciones abiertas en 2005 por el gobierno del país. Las revueltas y las reacciones internas a las mismas tras años de negociaciones y exigencias Europeas a la integración del que sería el primer país de mayoría social islámica –aunque laico en su estructura de estado-, han abierto, por otro lado, nuevos horizontes en Turquía a la hora de replantear cuál debe ser el  papel y el alineamiento  del país si las negociaciones y la vía europea fracasan. Europa parece dispuesta, por lo pronto, a continuar con la senda de la negociación.

1-La Turquía del Imperio Otomano.

Por otro lado, la historia entre Turquía y Europa no ha sido ni mucho menos fácil a lo largo de la historia. Los turcos salyúcidas que defendieron cuan guardia pretoriana los intereses de la decadente dinastía abbasí, y que acabaron por ostentar el autentico poder del mundo islámico, toda vez que el Imperio del Islam se debilitaba, fundaron un gran Imperio cuya posesión más perdurable fue Asia Menor. Los otomanos, fueron la etnia turca elegida para relegar el poder de la extinta dinastía salyúcida, decadente a partir de del siglo XIV. Estos, dirigidos por Otmán y su hijo Orkan, pero sobre todo con Murad I, extendieron el territorio turco hacia los Balcanes; hacia Europa en  definitiva, hecho que no consiguieron los salyúcidas. Los otomanos consiguieron además, poner bajo su dominio al resto de etnias turcas de la península de Anatolia. Los sucesores de Murad fueron progresivamente extendiendo su poder en el Oriente europeo, hasta que en mayo de 1453, la capital del fracasado Imperio Bizantino, Constantinopla, cayó en manos otomanas. Solo la batalla naval de Lepanto (1517) puso freno a las aspiraciones turcas, en cierta medida. Aspiraciones que pusieron en peligro a Hungría o la propia Austria. Tanto es así, que tras la batalla de Mohacs de 1526, los Otomanos invadieron Hungría y solo se consiguió salvar a Viena tras unas intensas negociaciones que se dilucidaron en torno a la manutención del status quo alcanzado.

Avanzando en el tiempo, y ya para el siglo XIX las tornas habían cambiado muy considerablemente. Desde Europa, se consideraba por aquel entonces a Turquía (El Imperio Turco Otomano) como “el Hombre enfermo de Europa” (lo cierto es que el Imperio arrastraba una decadencia significativa ya desde el XVII aprox.): carente de un poder efectivo capaz de llevar a cabo reformas estructurales, incapaz de seguir el ritmo industrializador del resto de países del continente, y falto de una paz social (exponente claro de esto serán los movimiento de los Jóvenes Otomanos). Y es que hasta la revolución de Kemal, más tarde conocido con el nombre de Atatürk, el Imperio Otomano se fue descomponiendo  por su más que significativo enfrascamiento en enredos europeos, principalmente y casi en exclusiva por la cuestión Oriental y las disputas de los estrechos. Además, la relevancia de aquella enfermedad venía dada también de una sociedad que en muchos casos, y comandada por los siempre reformistas y nacionalistas Jóvenes Otomanos, ponía en tela de juicio la autoridad del Sultán, y reclamaba libertades individuales y el laicismo de inspiración francesa. Por su parte, la administración, los estamentos militares y la clase dirigente por lo general veía su preponderancia marcada por la corrupción y la desidia de quien se ve incuestionado (o aun estándolo, no amenazado). Para agravar los problemas, el siglo XIX, fue una catástrofe para el Imperio Otomano en términos territoriales[1], dado que tanto Túnez como Egipto (incorporado por el sultán Selim I en 1520) actuaban con una especial independencia de la autoridad de Estambul, tanto es así que Egipto hasta la muerte de Mehmet Alí en 1847 fue un país independiente y todo sea dicho: un país poderoso. La autoridad del Imperio Otomano dentro del país del Nilo se restableció efímeramente gracias a la intervención anglofrancesa que más tarde se disputará el control de la nación Egipcia, al calor de la supremacía en el canal de Suez (construido en 1869) y el sofocamiento de las revueltas de 1882.

En la siempre conflictiva parte oriental del Imperio, Grecia había conseguido su independencia, aspiración que tenían otras partes europeas conquistadas por los turcos, como Montenegro, Serbia o Rumanía. Independencias, que tras la guerra Ruso-Otomana de 1877, y con la victoria Rusa ( a pesar de que su fracasado tratado de San Stefano, marzo de 1878), fueron reconocidas en la conferencia de Berlín del  78. Bulgaria se constituyó como un reino menor (nada que ver con la Gran Bulgaria propuesta inicialmente por Rusia).

Esta guerra ruso-turca no fue ni mucho menos la única. Y aunque no se pueda concluir que las disputas en las relaciones turco-europeas vengan únicamente de las tiranteces y conflictividades  mantenidas por estos dos países, lo cierto es que el asunto balcánico y de los estrechos que enfrentaba a ambos imperios, marcaron la sintonía de conflicto en las postrimerías de un siglo, el XIX, que se encaminaba hacia la primera de las dos guerras mundiales. Los rusos mantuvieron un creciente interés en la zona balcánica, a sabiendas del sentimiento paneslavo y de las posibilidades económicas que se podrían abrir al imperio zarista en la salida hacia el Bósforo y Dardanelos. Desde 1848, y al calor de los nacionalismos, los Balcanes entraron en un juego que dio como resultado la llamada Cuestión de Oriente. La primera de las fases fue la independencia de Grecia, que ya comentábamos. La segunda tuvo que ver con el primer enfrentamiento ruso-turco: la guerra de Crimea (1854-1856). En dicho conflicto Turquía mantuvo el tipo gracias al apoyo prestado por Gran Bretaña y Francia en contra de Rusia. Con los tratados de Paris del 56 el Imperio Otomano se salvó territorialmente, pues las potencias europeas así lo querían; era un mal necesario de cara al equilibrio entre las potencias. No ocurrió lo mismo tras 1878. La última de las crisis orientales tuvo que ver con el ataque de las antiguas posesiones turcas al propio imperio; un imperio muy debilitado de otra parte por las revueltas internas. Animada por el ataque italiano a posesiones Otomanas en el norte de Italia, La Liga Balcánica atacó a Turquía en octubre de 1912 y para sorpresa de todos, la Liga formada por Bulgaria, Serbia, Grecia y Montenegro consiguió la victoria en dicha guerra extensiendose a través de Macedonia. La guerra a pesar de todo no satisfizo  en su punto central a los vencedores, y así  pues el asunto del reparto de Macedonia no se resolvió tras el tratado de Londres de 1913: Bulgaria no permitió la anexión de Macedonia por parte de los serbios y estos iniciarán una guerra contras sus antiguos aliados. Turquía se posicionará en contra de Bulgaria y conseguirá tras el fin de las hostilidades ciertas ventajas territoriales ( mantuvo los estrechos y Adrianapolis).

La Gran Guerra, como es sabido, se inició en una región de antiguo Imperio Otomano: Bosnia-Herzegovina. Región que tras San Stefano pasó a administrar el Imperio Austro-Húngaro. Hay que tener en cuenta además, que legalmente el territorio  que ambicionaba Serbia pertenecía a el Imperio Otomano. Serbia -amparada por Rusia- y Austria comenzaron entonces una disputa en torno a Bosnia que llevó tras el asesinato de Francisco Fernando en junio de 1914 al comienzo de la Primera Guerra Mundial.

2-La nueva Turquía de Mustafá Kemal: Atatürk.

Durante la guerra el Imperio se posicionó con las potencias centrales. Este hecho fue del todo relevante para la nueva historia que se abría en el país, dado que se incentivaron todas aquellas tendencias internas que ya se daban con anterioridad a la propia guerra. Así, elementos como el nacionalismo, la modernización, el liberalismo, el pan-turquismo o la occidentalización entraron de lleno en el debate. La derrota en la guerra, y el armisticio de Mudros de octubre de 1919 abrió la puerta de los aliados a la ocupación del Imperio. Con los acuerdos de Sévres, impuestos al gobierno del sultanato, la ocupación de los diferentes territorios del Imperio Otomano se hace efectiva, toda vez que Rusia, la nueva Rusia soviética, se autoexcluye de un reparto en el que inicialmente estaba. Italia ocupará los territorios del sur occidental de la península de Anatolia con capital en Konya. Grecia ocupará la zona de Esmirna y controlará diversas islas del Egeo. Por su parte tanto Francia como Gran Bretaña ocuparán bajo mandato de la Sociedad de Naciones los territorios acordados por estos dos países en tiempos de  guerra; en los llamados acuerdos de Sykes-Picot (marzo-mayo 1916) donde se estipulaba que Siria y Libano serían para Francia y Trasjordania, Palestina e Irak para Gran Bretaña. El Imperio Otomano quedó reducido  sobremanera y económicamente debilitado, pues perdía  un punto estratégico como eran los estrechos, ahora parte de una zona internacional desmilitarizada. Los movimientos de resistencia nacional a los acuerdos de Sévres comenzaron en aquellas zonas no ocupadas, véase el norte peninsular. Por su parte, los aliados comprendieron rápidamente el potencial peligro que suponían aquellos movimientos de resistencia nacionalista a su propia preponderancia en la zona e instaron al Sultán a desmovilizar definitivamente a los ejércitos operativos en la zona y canalizadores clave del sentimiento nacionalista (y que a la postre ponían en peligro los propios acuerdos de Sèvres). Mehmet  VI Resad envió a Mustafá Kemal, líder de la resistencia  turca que contaba con grandes apoyos dentro de las filas nacionalistas y que llegó a organizar un ejército de resistencia bajo su liderazgo. El Sultán, sabía que el militar lejos de desmovilizar a la tropa, incentivaría una resistencia contra los aliados, los cuales se dieron cuenta de la jugada del Sultán y obligaron a éste a declarar al líder de la resistencia y de la autodenominada “fuerza nacional” (tras el congreso de la Resistencia: Congreso de Erzum de 1919) como fuera de la Ley. La ruptura entre los nacionalista kemalistas y el sultanato quedo reafirmada cuando el Sultán se vio obligado a firmar definitivamente los acuerdo de Sèvres en octubre de 1920. La resistente GANT ( Gran Asamblea Nacional Turca) y el gobierno nacional de Mustafá Kemal no aceptaron lo que consideraron unos acuerdos humillantes, declararon al Sultán traidor a la patria, y se autoproclamaron depositarios de la soberanía del pueblo turco.

Los aliados, nuevamente previsores y precavidos observaron que la autoridad real y legitimada entre el pueblo turco se encontraba en la filas de Kemal y los suyos, por lo que reelaboraron los acuerdos. Así, se firmaron los acuerdos de Gumru (octubre de 1920) en primer término, y tres años después en julio se firmaron los acuerdo de Lausana. A través de estos acuerdos, los aliados redujeron al todavía Imperio Otomano a la península de Anatolia y se reintregaron a él los territorios de Esmirna, Armenia y la conflictiva área del Kurdistan. Los estrechos recuperaron su soberanía  y se mantuvo la desmilitarización. Sin embargo, se obviaron reveindicaciónes como la Kurda en pos de una integración en la nueva Republica Turca, proclamada en 1923, relegando el deseo mayoritario de la población de la región y haciendo surgir un conflicto armado que solo recientemente parece haberse apaciguado. La nueva Turquía, que abolió las figuras del Sultán y el superviviente cargo de Califa entre el 23 y el 24, se estableció en seis principios básicos recogidos en la Constitución: nacionalismo, laicismo y modernización, y republicanismo, populismo y estadismo[2]. El nuevo código civil instaurado por Atatürk abolió la poligamia y se promulgó la igualdad de sexos en temas como el matrimonio, la herencia o el voto[3]. La religión se irá separando del estado y se abandonará la sharia como método de conducta en la sociedad. En 1928, la nueva Turquía se declaró laica.

Por otra parte se llevó a cabo un proceso de profunda modernización, gracias también al apoyo de Occidente en la idea de Atatürk de una Turquía desarrollada en los nuevos patrones capitalistas; y todo ello sin una excesiva resistencia de las gentes que podían ver en peligro su modo de vida tradicional. Atatürk gobernó con plenos poderes durante los primeros años, gracias a la estructura organizadora del Partido Popular Republicano, que concentraba la pluralidad de necesidades de la sociedad turca. El poder ostentado por Atatürk, así como por su sucesor en la presidencia turca, Ismet Inonu, fue prácticamente dictatorial hasta el final de la segunda contienda mundial. Ya en 1950, el recién creado Partido Democrático (PD) se hizo con el poder, tras la reforma del sistema democrático que dio entrada también a los partidos de corte más islamista, así como a una mayor discusión generalizada en torno al carácter religioso del estado. Discusión que aun hoy se mantiene como se ha observado tras las últimas revueltas del país, y que casi se podría considerar como la discusión clave dentro de los asuntos internos de la Turquía moderna desde su nacimiento en 1923. La época de inestabilidad en el sistema se dio prácticamente hasta los noventa: en 1960 un golpe de estado que derrocó al presidente del PD Adnan Menderes, dio origen a una nueva reforma constitucional que abolió al PD. En 1965 en Partido de la Justicia (heredero en parte del PD) se alzó con el poder de la mano de Süleyman Demirel. Su gobierno, tendente al liberalismo, estuvo marcado por la incursión del país en la NATO y las aproximaciones nuevamente al contexto europeo. Internamente el gobierno tuvo una gran cantidad de de problemas, fruto del recrudecimiento de las revueltas internas, y del avance del apoyo popular a la izquierda y al comunismo. Ante esta situación, en 1980 se instauró un régimen militar que prohibió a los partidos políticos y restableció el orden en pos de una defensa del estado creado por el “Padre de los Turcos”. Paradójicamente, y como apunta la historiadora de Prado Clavell, la defensa del estado laico que harían los militares posibilitó, siendo esto una intención clara dentro del movimiento castrense de cara a parar el avance de la izquierda, que refloreciera con fuerza el sentimiento islámico y a los partidos de este signo religioso. De otra parte la deslegitimación de los partidos tradicionales, laicos y seguidores de las ideas de Atatürk, han vuelto a dejar en evidencia las discusiones abiertas en torno a la forma del estado en su carácter laico, y en lo referente al alineamiento clásico de Turquía para con Europa.

3-La Turquia de Receo Tayyip Erdogan.

Actualmente, y como advertíamos al principio de este artículo, las revueltas y las respuestas de quien en teoría y muy discutiblemente ostenta la autoridad y la posibilidad del uso legitimo de la fuerza, es decir de los cuerpos de seguridad, han hecho abrir nuevamente el debate en torno a la aceptación de Turquía en el seno de la Unión, recelosa todavía de incorporar a un miembro cuya población es un 99,8% de religión islámica, así como el propio debate interno sobre cuestiones que inciden en el carácter del estado, toda vez que el poder del gobierno corresponde a un gobierno de corte islamista moderado. En las declaraciones vertidas por los miembros de las protestas no parece advertirse una ofuscación originada por los postulados religiosos del AKP, de hecho no se erigen como defensores del camino de laicismo a ultranza de Atatürk, sino que más bien su enfado llega originado de las propias formas del actual primer ministro Erdogan: autoritarias según los manifestantes y que hace oídos sordos a las demandas de la gente. Manifestantes, que de otra parte, esconden entre sus filas a comunistas, laicos, nacionalistas,  a propios islamistas díscolos con las ideas autoritarias de Erdogan, sin olvidar a la minoría aleví –vecinos de los también chií Sirios del clan de al Assad: alauítas-. Esta última referencia esconde uno de los motivos clave del apoyo que Erdogan ha declarado a los rebeldes sirios y en contra de los intereses de Al Assad en Siria, pues en este aspecto Erdogan se alinea en pos de la “teórica” democratización Siria –que está por ver- con Israel, al que critica tímidamente, y el resto de países Occidentales, persiguiendo el fin personal de que los suníes (socialmente mayoritarios en Siria y también dentro de las filas rebeldes) triunfen en territorio sirio.

Así pues, lejos de una cuestión meramente de enfrentamiento religioso; o mejor dicho de modelo a adoptar internamente, nos encontramos con un rechazo a las tendencias variadas en contra de una política excesivamente intolerante, según expresan los propios manifestantes, y elevadamente marcada hacia los intereses del propio partido islámico, convertida ahora en política de Estado. Lo cierto es más allá de una mera lucha del sector laicista y el de izquierdas contra la política del sunita Erdogan, lo percibidle es el hartazgo de un sector de la población turca contra la por ahora  irremediable marcha autoritaria del AKP, en términos de libertad de prensa, el final del control de la judicatura sobre el gobierno, o el incentivo a las políticas capitalistas de la que es reflejo la política adoptada en el parque Taksim, y que inició la oleada de protestas.

11 años lleva gobernando el AKP cuyas primeras elecciones ganó con un 32% del apoyo en 2002. Durante la primera legislatura de Erdogan, las tiranteces con el ejército se hicieron palpables, pues se redujo el papel que el ejército tenía hasta entonces como garante de la laicidad interna del estado, así como su papel de consejero del gobierno. Erdogan aumento en cierta forma el poder del gobierno con respecto a las decisiones a adoptar, lo que relegó al ejército a un segundo plano. En 2007 el AKP, rozó un 50% de apoyo electoral. Durante esas fechas, aunque a decir verdad antes de la cita electoral: en diciembre de 2004,  el partido gobernante obtuvo un importante espaldarazo a la adhesión europea, pues el Consejo Europeo permitió la apertura de negociaciones con el país que se iniciarán un año después. Por su parte, la Comisión Europea advertía ya en 2004 de ciertas dificultades en los asuntos de la negociación en los términos que se referían al peso de la agricultura en la economía turca, así como a dificultades provenientes en las materias de Derechos Humanos, laicidad, o igualdad entre hombres y mujeres. Por su parte, la Comisión reconocía avance en términos de corrupción, la impunidad ante la tortura, o la igualdad, mientras que se estancaba los avances en materia de libertad de expresión y prensa[4]. Las segundas elecciones ganadas por el AKP, supusieron un recrudecimiento en ciertos aspectos de la vida política de Turquía. El AKP, se vio deslegitimado ante la amenaza de ilegalización por la Ley del Velo del 2008, que fue salvada por el Tribunal Constitucional in extremis, y los militares volvian a una senda que parecía encaminada al golpe de Estado que finalmente no se produjo. Por otra parte, el AKP incentivó las reformas en lo referente al intento del gobierno por reducir el control del poder judicial en sus decisiones. El plebiscito por la reforma de la judicatura fue aceptada por un 58% de los votos en el año 2010. Un año después comienza el mandato actual del primer ministro Erdogan con un apoyo electoral masivo (obtuvo el 50% del voto).

Sin embargo, las últimas protestas han puesto en evidencia, que el rechazo a las políticas del primer ministro existen; y todo a pesar, como se ha observado, del apoyo cada vez más mayoritario que partido conservador ha obtenido. No debemos olvidar el hecho clarividente de que el AKP es un partido de corte conservador y neoliberal cuyas políticas se ha movido en dichos terrenos a menudo engorrosos. El intento de los gobernantes actuales por conjugar unas políticas que a menudo  han incentivado la extensión de la educación o la sanidad, es decir del aparato social del estado, no esconde, a pesar de todo, las medidas marcadamente anti-sociales en áreas muy sensibles como la vivienda o como en la ecología. La política del ladrillo y la especulación con los terrenos dejan al descubierto prácticas económicas que en Estado español se conocen bien, y que han sido llevadas a cabo en Turquía. Leyes como las del alcohol, la reforma del velo (Ley del Velo), o la prohibición del beso en espacios públicos ponen de manifiesto el decidido cambio de rumbo que desde las reformas introducidas por Atatürk en materia social se quiere dar al país.

Por otro lado y en materia internacional, la desafección con Siria es una realidad, al tiempo que se ha enemistado con otros países de mayoría social y gobiernos chiís como Irak, toda vez que ha conseguido no sin problemas apaciguar al área independentista del Kurdistán. Por si fuera poco, EE.UU.  ha criticado duramente la política adoptada ante las protestas, así como aquella referente a la materia de acción exterior, sobre todo por adoptar un discurso, que aunque leve, presiona a Israel en su política con respecto al pueblo palestino.

Por otro lado, sería conveniente no caer en simplismos, pues aunque las protestas pongan en evidencia una realidad social definida, en términos de posicionamientos de a favor y en contra, conviene detallar algunos matices que arrojen luz sobre la cuestión y eviten dualismos planos que no ahondarían en la propia problemática. Así pues, parece claro que existen grupos de privilegiados oligarcas kemalistas ( en palabras de Txente Errekondo) que buscarían una caída de Erdogan, ya que éste en su pretensión por reformar el sistema podría poner en peligro la propia posición que estas clases todavía ocupan en la administración. Otra fuente desde la que se espera que Erdogan caiga es aquella en la que se intenta desestabilizar lo referente a los procesos de negociación con el Kurdistán y el PKK, y lo mismo cabría decir de sectores no lo suficientemente convencidos de que Turquía acabe integrada políticamente en la Comunidad Europea, toda vez que el AKP ha hecho todo lo que estaba en su mano en materias de reformas exigidas para que Turquía se convierta en un miembro más de la UE.

Es pues evidente, que el juego que se ha despertado en Turquía, y que posiblemente antes de las revueltas ya se podía dibujar , va a marcar un devenir complejo y fascinante en muchos sentidos pues su poderío económico y su liderazgo en el mundo musulmán pueden marcar un camino a seguir para otros países. De entrada su modelo actual es un espejo en el que Egipto le gustaría mirarse. De otra parte, las revueltas han puesto en evidencia un empeoramiento de las relaciones turco-europeas echando tierra al difícil camino de negociación que hasta ahora se había llevado por un camino complejo, pero relativamente exitoso. Y esto ocurre por la unión de un frente popular, que englobado por grupos heterogéneos tiene por  objetivo único unitario la caída de Erdogan, sin plantear sin embargo y a posteriori de esa teórica caída una respuesta conjunta que los haría salir de la debilidad que muestran. De esta forma se observa un interés dispar: del lado de la izquierda de que la caída del gobierno sea para plantear nuevas medidas socioeconómicas, por motivos de soberanía entre muchos kurdos, para hacer fracasar las negociaciones con el Kurdistan, para parar el apoyo a los rebeldes en Siria, o para conservar los privilegios de la oligarquía Kemalista. Si Erdogan se muestra confiado es precisamente por la desunión del “día después” y porque es sabedor de que llegado el momento el AKP volverá a enseñar músculo. Sin embargo, tal exceso de confianza puede hacer perder al gobierno del país uno de los referentes marcados que era la Integración Europea, aunque, y a pesar de todo, quizás sea esa una alternativa ya barajada, dado que no se esconde entre la opinión pública un hartazgo ante las exigencias de Bruselas. Por lo pronto, Erdogan ya expuso en 2011 y al calor de los procesos revolucionarios del mundo árabe, su búsqueda de una Unión Turco- Árabe que aprovechando su cariz ejemplificador de las futuras construcciones estatales que conjugarán democracia-islám, pusieran a Turquía como un referente del mundo musulmán. Sin que esto suponga dar la espalda a la UE, si es clarividente que no se han cerrado las opciones, y mucho menos en la pretensión tradicional de liderar a los pueblos del Islam.

En cualquier caso, las elecciones del 2015 ayudarán a resolver- o a enmarañar aun más- la encrucijada turca en estos nuevos tiempos.


[1] Hay que decir, sin embargo, que en1800 el Imperio Otomano tenía una más que considerable extensión. En Europa ocupaba: Albania, Bulgaria, Macedonia, Montenegro, Rumanía y Serbia.

[2] Grunebaum Von, G.E., 9174. Historia UniveralXXI. El Islam. II. Desde la caida Constantinopla hasta nuestros dias., Madrid: Siglo XXI de España Editores. ( P.127).

[3] Núñez de Prado Clavell, S., 2013. ¿Pervive Atatürk? Historia y Vida.

(P.55).

[4] Pereira, J.C. y otros, 2009. Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. 2a ed., Madrid: Ariel. (P.694).

BIBLIOGRAFÍA:

Gara, 2011. Erdogan enarbola la bandera de las revueltas árabes y la causa palestina. Gara, (Mundua). Available at: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20110914/290669/es/Erdogan-enarbola-bandera-revueltas-arabes-causa-palestina.

Grunebaum Von, G.E., 9174. Historia Universla XXI. El Islam. II. Desde la caida Constantinopla hasta nuestros dias., Madrid: Siglo XXI de España Editores.

Núñez de Prado Clavell, S., 2013. ¿Pervive Atatürk? Historia y Vida, p.10.

Pereira, J.C. y otros, 2009. Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. 2a ed., Madrid: Ariel.

Rekondo, T., 2013. Claroscuros en la plaza Taksim. Gara. Available at: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130611/407425/es/Claroscuros-plaza-Taksim.

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